En pleno siglo XXI los sistemas informáticos y las redes de comunicación se han convertido en algo imprescindible para el desarrollo de nuestra actividad diaria. Desde que los chips hicieron su aparición hace relativamente poco tiempo, el ser humano ya no puede imaginar realizar cierto tipo de cosas sin su ayuda.
En los deportes de alto nivel, y más aún en los que emplean sistemas mecánicos para la competición, su utilización se ha generalizado, y el factor humano casi ha pasado a un segundo plano.
Los aficionados al automovilismo pueden observar la evidente presencia de la más avanzada tecnología en todas las competiciones, siendo más evidente y fundamental en la Fórmula 1, donde las increíbles máquinas, diseñadas con avanzados programas informáticos, están plagadas de sensores que recogen toda la información posible sobre su funcionamiento y comportamiento.
Una de las características que definen a la NASCAR, y que la diferencian de otras categorías del mundo del motor, es la limitación con la que se utilizan estos avances tecnológicos en la competición. La información que recibe el equipo sobre el comportamiento del coche durante la carrera la transmite el piloto, por lo que el factor humano tiene una importancia mucho mayor.
En artículos anteriores comentábamos que, manteniendo el espíritu que ha hecho grande a esta especialidad, la telemetría no estaba permitida, y que los jefes de equipo sólo reciben la valiosa información sobre el funcionamiento del coche a través del piloto.
Esto no es del todo cierto. Si que es verdad que durante la carrera, el empleo de cualquier tipo de sensor está prohibido por el reglamento, pero antes, durante las sesiones de tests y entrenamientos, los equipos pueden conocer ciertos aspectos de su máquina a través de la más alta tecnología.
Un Stock Car posee un sistema de recogida y transmisión de información, que reúne los datos más importantes y los transmite a un ordenador central a través de un equipo de radio inalámbrico. Este ordenador pertenece al equipo, que junto a la información transmitida verbalmente por el piloto también por radio, puede completar los datos necesarios para conocer cómo se comporta su coche en la pista. Esta información le permite anticipar ciertos tipos de problemas, y adaptar su máquina a las condiciones del circuito.
Evidentemente, la información es poder, por lo que a diferencia de otras competiciones del más alto nivel, la NASCAR limita el uso de estos sistemas de telemetría a las sesiones de entrenamientos.
El ordenador situado en el coche (Pi System) recoge la información referente a la velocidad, RPMs, funcionamiento de frenos, temperaturas y posición. Este sistema funciona más o menos como la caja negra de un avión, aunque en el COT, en vez de una se utilizan dos de estas cajas negras.
Colocadas en el suelo del coche, y conectadas vía transductores a diferentes ubicaciones por todo el coche (pedal de freno, volante, suspensiones…), las cajas recogen y almacenan toda la información relevante que reciben a través de los sensores, como temperaturas, movimientos o voltajes.
Antes de las carreras, los equipos tienen limitado el tiempo para los tests en la pista, por lo que deben aprovechar al máximo todo lo que tienen a mano para recabar la mayor cantidad de datos posible.
Se pueden llegar a colocar más de 60 sensores en el coche, que recogerán datos sobre amortiguadores, acelerador, presión y temperatura de los neumáticos, flujo de aire sobre la carrocería, o distancia del chasis sobre el suelo, en este caso particular medida con un altímetro que emplea un láser.
Una pequeña antena en el techo del coche envía la información al ordenador central del equipo, o en otros casos, se registra en las cajas negras para que los ingenieros puedan descargarla después. Con esta información, los técnicos e ingenieros analizan el comportamiento del coche, y pueden adecuarlo a las condiciones de la pista.
Pese a que la tecnología ha aportado increíbles mejoras en la evolución de los coches de carreras, y que los equipos trabajan con expertos ingenieros, la NASCAR mantiene su tradición de confiar más en el factor humano que en la tecnología. Durante la prueba, aunque el jefe de equipo pueda disponer de un ingeniero de pista, toda la comunicación con su piloto está limitada a sistemas analógicos.
Después de cada carrera, hasta 8 inspectores comprobarán el coche de arriba abajo para verificar la no presencia de ninguno de esos sensores.
Esto quiere decir que el piloto es lo más importante en las competiciones de Stock Car.
Cuando ven la bandera verde, ellos son el ordenador de abordo, ellos mismos son la telemetría.



