Como explicábamos en el anterior artículo, la NASCAR emplea un riguroso programa de control e inspecciones para asegurar una igualdad total y absoluta entre los equipos participantes. Durante el fin de semana de carreras, los oficiales encargados de revisar los coches participantes comienzan su labor con una primera inspección, antes de que cualquier participante salga a la pista.
Una vez superada esa primera revisión, los equipos pueden salir a rodar en los entrenamientos libres, y participar en la sesión clasificatoria para la carrera del domingo.
En cuanto un piloto completa las 2 vueltas de clasificación, la NASCAR procede a una segunda revisión del coche, buscando irregularidades en áreas como el depósito de combustible o la suspensión, ya que los equipos de la NASCAR tienen ingenieros capaces de desarrollar amortiguadores que se ajustan durante la sesión de clasificación. A veces se ha dado el caso de coches con el morro demasiado bajo, con lo que se mejora la entrada en las curvas, o con la parte trasera demasiado alta, con lo que se logra un mejor grip.
Los depósitos de combustible se inspeccionan para asegurar que los equipos cumplen con la capacidad de combustible designada por la NASCAR, ya que un solo litro de carburante puede significar lograr la victoria, o terminar con una vuelta perdida al quedarse el coche sin combustible.
En la mañana previa a la carrera, los equipos son requeridos una vez más a pasar por el proceso de inspección. Esta última comprobación no es tan detallada como la inspección inicial, pero los oficiales ponen mucha atención a cada detalle.
Los inspectores deslizan calibres para medir los espacios entre las plantillas y la carrocería, comprobando las tolerancias. Si el calibre no desliza adecuadamente, las medidas no se ajustarían a la normativa y habría que modificar la carrocería. Esta es la causa por la que los miembros del equipo llevan siempre mazos de goma a estas inspecciones.
Una vez que los coches pasan por la línea de inspección, son devueltos a sus garajes, donde los equipos cambian los amortiguadores para colocar otros con la suspensión deseada, siempre bajo la atenta mirada de los oficiales de la NASCAR. Una vez hecho esto, los coches están listos para tomar la salida.
Pero el trabajo de los inspectores de la NASCAR tampoco termina aquí. En vez de sentarse cómodamente a ver la carrera, se les asigna un box, donde deberán estar atentos a la más mínima irregularidad, ya que a su anterior labor se le añade la de ser árbitros durante la carrera. Cada oficial observará todo lo que hace el equipo, para estar seguro de que se ciñe en todo momento a las reglas de la NASCAR. Estarán presentes en cada cambio de neumáticos y repostaje, para asegurarse de que cada rueda sea ajustada por todas sus tuercas, y para monitorizar todo lo que hagan los miembros del equipo.
Los oficiales pueden hacer llamadas que pueden castigar a un piloto con una penalización de tiempo, o algo peor…Todo dependerá de la gravedad de la infracción.
Una vez terminada la carrera, los oficiales todavía tienen trabajo que hacer. Es el momento de llevar a cabo la inspección post-carrera.
Normalmente, los 5 primeros clasificados son llevados al área de revisión, y sus coches son medidos una vez más. Durante estas comprobaciones es cuando normalmente se detectan las mayores infracciones, aunque la NASCAR siempre otorga el beneficio de la duda a los equipos en esta última comprobación. En otras palabras, se tienen en cuenta posibles daños en carrera para explicar que el coche no cumpla con las medidas reglamentarias.
De vez en cuando, la NASCAR selecciona motores al azar, y los revisa con un dinamómetro. Esto se realiza en el Centro de Investigación y Desarrollo que la NASCAR tiene en Concord, Carolina del Norte. Los equipos no sufren por estas inspecciones, pero en ocasiones si que han saltado las alarmas.
Pese a que las violaciones del reglamento en estas inspecciones post-carrera se atribuyen habitualmente a daños sufridos en carrera, a veces la NASCAR determina que esos daños se provocan con la intención de ocultar irregularidades.
Actualmente, la NASCAR sigue una política de tolerancia cero con las infracciones, y los castigos son tan severos que en ocasiones miembros de los equipos, incluso sus jefes, han perdido su trabajo al quebrantar las normas.
Desde la aparición del COT, las penalizaciones, tanto de puntos a los pilotos, como económicas a los equipos, son más cuantiosas que antes, por lo que para todos es más rentable aprobar el examen.



