El pasado domingo día 7 de Marzo, un controvertido incidente entre Carl Edwards y el piloto del equipo Penske Racing, Brad Keselowski, terminó con el Dodge de este último girando en el aire y golpeando con su techo la barrera de protección del Atlanta Motor Speedway.
En el año 2009, tras los dos terribles accidentes en los que se temió por la vida tanto del propio Carl Edwards, como de Ryan Newman, en el circuito de Talladega, la NASCAR admitió abiertamente su preocupación por la tendencia del C.O.T a levantarse del suelo. Pero por lo que se ve, la solución a este problema no va a ser cosa de unos cuantos días.
Para la NASCAR, prevenir este tipo de accidentes es uno de los objetivos más importantes ahora mismo, aunque, como ha admitido John Darby, director de la Sprint Cup Series, ese objetivo puede llegar a ser inalcanzable, dado lo impredecibles y violentas que pueden llegar a ser las carreras de la NASCAR.
Se está investigando en como prevenir que un coche despegue a causa del aire, pero en muchas ocasiones, en este tipo de accidente interviene un segundo coche, que aporta un empuje mucho mayor, y que termina por provocar este indeseado efecto.
- “Los flaps de techo más grandes del mundo o el paracaídas más grande del mundo no podrían devolver a un coche al suelo cuando ha sido catapultado por la fuerza de otro coche” – declaraba Darby ante la prensa.
Esta preocupación coincide con la reaparición del spoiler trasero en el modelo de competición de la Sprint Cup, aunque el cambio no tiene el objetivo de solucionar este problema, sino que se efectúa simplemente por estética, y ante el requerimiento de gran parte de los fans.
Este complicado asunto ha vuelto a ser el tema principal de conversación durante la semana en la que se anunciaba que Carl Edwards estará bajo vigilancia durante las tres próximas carreras, tras comprobarse por las imágenes de televisión, que durante la Kobalt Tools 500 del pasado domingo, giró el volante hacia la derecha a propósito, para golpear la parte trasera del coche de Brad Keselowski, lo que produjo que este levantase el vuelo y golpease contra el muro.
Este es el segundo incidente en menos de un año en el que ambos pilotos han estado involucrados, y en el que tanto uno como el otro han probado lo que se siente al salir volando con su coche a casi 300 km/h, para terminar chocando contra las defensas del circuito.
La mayor diferencia entre los dos accidentes ha sido la pista en los que se han producido. Mientras que el de Carl Edwards ocurría en el Talladega Superspeedway, en teoría un lugar más propicio a este tipo de accidente, el del pasado domingo de Brad Keselowski se producía en un óvalo intermedio, de tan solo 1,5 millas de longitud (2,4 km). Y esto es lo realmente preocupante. Históricamente, la NASCAR ha visto a sus pilotos volar en unas cuantas ocasiones desde principios de los 80, pero raramente en circuitos diferentes a Daytona y Talladega.
Este año, el C.O.T ha estrenado una aleta longitudinal que ayuda a mantener la estabilidad del coche a altas velocidades. El dispositivo se estrenó en Daytona, y se empleó el pasado domingo en Atlanta, aunque con menores dimensiones. Pese a todo, en cuanto el coche gira y muestra el lateral, tiende a elevarse, por lo que los flaps instalados en el techo con el objeto de evitar esto no tienen tiempo para actuar.
Ya se han realizado test con el nuevo spoiler en Talladega, y en pocas semanas habrá más pruebas en Charlotte, tras las cuales los “nuevos” spoilers, presentes en los modelos de la Sprint Cup desde el inicio de la era moderna en 1971, se incorporarán de nuevo a la competición.
Pero el tema aerodinámico no es la única preocupación de la NASCAR este momento, porque lo más preocupante realmente fue el estado en el que quedó el nº 12 de Keselowski tras el brutal impacto. La caída del coche sobre la barrera de protección se produjo directamente sobre la estructura que protege al piloto, en la parte de la ventana izquierda, y como se pudo apreciar, la deformación de la jaula era evidente.
El coche se envió directamente al departamento de investigación y desarrollo que tiene la NASCAR en Concord, Carolina del Norte, para que sus ingenieros realicen las investigaciones oportunas y averigüen el por qué de esa deformación.
Lo que es evidente es que el C.O.T puede ser el modelo de competición más seguro y robusto de la historia de la NASCAR, aunque muchos fans no se identifiquen con el.
El trabajo para conseguir el “coche perfecto” sigue en marcha.



