Chocar contra un muro de protección a más de 300 km/h es una experiencia con la que deben convivir a diario todos los pilotos que participan en las diferentes categorías disputadas en circuitos ovales de EE.UU. Hasta no hace mucho tiempo, ese muro era de hormigón, y los impactos, catastróficos.
Instalado por primera vez para las 500 millas de Indianápolis del año 2002, actualmente está presente en todos los óvalos de alta velocidad en los que se disputan tanto carreras de la NASCAR, como competiciones de monoplazas.
La barrera de acero y espuma para la reducción de energía (Steel and Foam Energy Reduction – SAFER barrier) es una iniciativa de seguridad diseñada para absorber la energía cinética liberada cuando un coche de carreras entra en contacto con el muro.
Liderado por el doctor Dean Sicking, el proyecto comenzó su desarrollo en 1998, y fue llevado a cabo por un grupo de ingenieros en las instalaciones del Midwest Roadside Safety Facility de la Universidad de Nebraska-Lincoln, en colaboración con la NASCAR y la IRL.
La barrera de seguridad está formada por rectángulos de acero de 20X20 centímetros, de unos 5 milímetros de espesor y 850 centímetros de longitud, cohesionados en un bloque de espuma de poliestileno, e instalados entre la propia barrera y el muro exterior de hormigón del circuito.
Su funcionamiento se basa en la disipación de la energía procedente del impacto de un coche a gran velocidad a lo largo de una sección de la barrera, reduciendo el efecto rebote que propicia el retorno del coche accidentado a la pista. Además, reduce los daños producidos en el propio vehículo, con lo que disminuye el riesgo de lesiones graves de los pilotos.
Otra de sus ventajas es que, tras producirse un impacto fuerte, los segmentos dañados pueden reemplazarse rápidamente, permitiendo el consiguiente desarrollo de la competición con total normalidad.
Pese al evidente beneficio del proyecto, su implantación en las pistas no se pudo realizar de la noche a la mañana. A los 2 o 3 meses que tuvieron que esperar los circuitos para recibir los materiales, hubo que añadir las 2 o 3 semanas que tardaron en instalar la barrera, con las modificaciones precisas para cubrir completamente las curvas. Por suerte, la mayor parte de los circuitos no dudaron en soportar el desembolso económico que suponía la instalación de la nueva barrera, viendo los grandes beneficios logrados en cuanto a seguridad. Aunque no se puede obviar que todavía existen zonas fuera de las curvas en las que aún es posible golpear el duro hormigón.
El primer piloto en probar el nuevo sistema fue Robby McGehee, durante las 500 millas de Indianápolis que estrenaron la barrera. McGehee se fue contra el muro mientras rodaba a 225 mph (más de 360 km/h). El resultado de la deceleración, estimado en unas 100 veces la fuerza de la gravedad, se redujo a unas 40G, lo suficiente para salvar al piloto de graves heridas, o incluso para salvarle la vida.
Desde su implantación en los circuitos no se han producido accidentes fatales, reduciéndose considerablemente las lesiones sufridas por los pilotos.
El concepto de barrera que absorbe energía, desarrollado en un principio para los circuitos ovales, se está implantando poco a poco en las carreteras y autopistas de EE.UU. Una vez más, la investigación realizada para la competición puede llegar a repercutir en nuestra vida diaria, permitiendo a las personas que cogen el coche para ir a trabajar, lo hagan un poco más seguras.




1 Comments
Otro buen artículo. Gracias por explicar estas cosas, son muy interesantes.
Hasta pronto